The Word for the Blog is Scientifiction

miércoles, 27 de agosto de 2014

La space opera de Alastair Reynolds: Casa de Soles



Entrada conjunta con el blog Dreams of Elvex.




Space opera clásica y moderna

El subgénero de space opera es, ante todo, ciencia ficción sin complejos.

Lo digo y lo justifico porque creo que su principal pretensión es entretener. Esto no quiere decir que no entre en especulaciones científicas o de futuro, como se hace en otras ramas de la ciencia ficción, pero siempre al servicio de la aventura que nos es contada.

Haciendo un poco de memoria y un mucho de síntesis la space opera nace al mismo tiempo que la ciencia ficción, o mejor dicho coincide con los orígenes pulp de ésta. El término lo acuñó el escritor Wilson Tucker (1914-2006) como una referencia despectiva hacia las aventuras espaciales (operetas) y a sus clichés (romance, bueno/malo, etc.), pero con el tiempo el concepto ha evolucionado hasta hoy en día que se considera un subgénero más, el cual en las últimas décadas ha tenido un auge importante.

Por definición, las historias de space opera hacen un uso superficial de la ciencia, podríamos decir que a modo de ambientación. Podemos hacer la prueba de si los argumentos pueden ser trasladados a otro lugar: pongamos por caso a un universo de fantasía, o a un período de nuestra historia. Por ejemplo, el argumento de Star Wars podría trasladarse tranquilamente: granjero que deviene héroe, la princesa, el tirano, un arma/ejército diabólicos y la causa justa/verdadera. Cambiamos ciencia por magia o superstición y ya está. En otras palabras, la premisa cienciaficcional no es determinante para el desarrollo de la historia.

Sin embargo la space opera moderna alcanza una riqueza que sobrepasa esta definición original. En ella se mezclan especulaciones científicas avanzadas y que además provienen de muy diversas disciplinas. Así, el lector de Casa de Soles se encontrará con viajes interestelares, teoría de relatividad,  teletransportación, animación suspendida, ingeniería genética, nanotecnología, inteligencia artificial, transhumanismo… ¡Ah! y también androides como en Star Wars. Todo esto hace más difícil trasladar la historia a otro ámbito puesto que se entra continuamente en especulaciones científicas y por más que la ciencia sea tratada superficialmente, está muy imbricada en la narración. Lo único que permanece es el sentido de aventura y algunos conceptos inherentes a lo que se ha llamado novela romance.

En fin, que no me enrollo más. Casa de Soles es mi segundo libro de Alastair Reynolds. El primero fue Espacio revelación, leído hace ya bastantes años y en su momento recuerdo que me gustó, por lo que ya tenía ganas de volver a leer algo más de este autor (la verdad es que esta novela hace años que corre por casa, pendiente en la famosa #pila).

Por otra parte compruebo en Goodreads que es su obra más valorada por los lectores. Ha sido una buena elección, pues. Aunque como podéis ver en la otra reseña, Pushing Ice (no traducida al castellano) también es una buena opción para disfrutar de este autor.


Casa de Soles, de Alastair Reynolds

Dentro de seis millones de años nuestra Vía Láctea estará poblada por muchas civilizaciones, las cuales, en un abrir y cerrar de ojos de tiempo galáctico,  surgirán y se extinguirán continuamente. Sin embargo algunos colectivos resisten el paso del tiempo. Se trata de las llamadas Líneas, cuyo origen se remonta al mismísimo planeta Tierra. Los amantes Purslane y Campion pertenecen a la Línea Gentian cuya especialización es construir presas estelares, es decir presas de contención para estrellas inestables que amenazan en convertirse en supernova. Nuestra aventura empieza cuando Purslane, Campion y la Línea Gentian deberán afrontar un desafío que pondrá en jaque todo lo que conocen.

Casa de Soles es una space opera moderna y como tal da un montón de cosas
Portada original, 2008
por sentadas: por supuesto que existe el viaje interestelar, por descontado que los humanos han colonizado la galaxia, es un hecho… Es decir, la novela se asienta en recursos propios de la ciencia ficción, se basa en cosas que ya se han tratado -de mil maneras diferentes, eso sí- a lo largo de casi un siglo de tradición del género. Esto no quiere decir que no tenga un planteamiento original, todo lo contrario: precisamente lo anterior le permite crear un universo complejo a la vez que coherente dentro del marco de referencia ficcional creado por el autor.

Como podéis ver estamos hablando de una novela cuya acción transcurre a nivel galáctico. Una de las cosas con las que más consigue maravillarnos Alastair Reynolds es la escala en la que juega. Todo es grande: viajes de un extremo a otro de la galaxia, acontecimientos desde la perspectiva de millones años. Las presas espaciales que son casi una esfera de Dyson. Incluso las naves espaciales que nos describe son inmensas, como la Silver Wings of Morning que es la nave personal de Purslane.

Por otra parte, como algo típico de la space opera, la novela salta de gestas espaciales a asuntos de -por decirlo así- cantina situada en planeta periférico. Trata con personajes de carne y hueso (también es un decir) y sus acciones afectan al curso de los acontecimientos a escala galáctica. Los temas de siempre están aquí: naves y batallas espaciales, seres extraños, aventura y descubrimiento, romance, traición... contados de una manera más sofisticada que las historias de antaño, pero que en esencia son lo mismo: space opera, la primera ciencia ficción conocida como tal.


La novela y el escritor

Casi no hace falta decir que la space opera no tiene porqué estar reñida con la calidad, pero en nuestro caso creo que podemos calificar esta novela como una forma sofisticada de entretenimiento.

Si he de destacar algunas virtudes, creo que se trata de un gran trabajo imaginativo. El worldbuilding (o en este caso, el galaxybuilding) es magnífico, por los detalles y sobre todo por la coherencia que muestra a lo largo de la novela. Además, consigue sorprender por el tratamiento de algunos temas clásicos reimaginados, por ejemplo cómo superar la limitación de la velocidad de la luz.

En realidad puede aplicarse aquí la conocida regla de la narrativa: no expliques, sugiere. De la misma manera no cuentes como funciona un motor espacial o cómo una estrella se convierte en supernova; sugiérelo, deja que la imaginación del lector haga el resto. Esto es algo que tienen en común los tres grandes maestros de la llamada new space opera: el malogrado Iain Banks, Peter F. Hamilton y el propio Alastair Reynolds: nos cuentan maravillas, pero lo que nos sugieren supera lo que contiene la letra impresa.

Por otra parte, también le encuentro defectos: La trama está correctamente resuelta, pero hay un relato intercalado con el argumento principal que es pertinente pero a la vez descompensa el conjunto. Respecto a los personajes, están planteados suficientemente, si consideramos que están -como todo lo demás- al servicio de la aventura.

Para terminar, sólo a modo de anécdota: siempre me ha fascinado el nuevo vocabulario que inventan los escritores de ciencia ficción. Un ejemplo en nuestro caso: la tecnología impassor, que viene a
ser un campo de fuerza que aisla a objetos y personas del deterioro por el paso del tiempo. En la traducción española se ha traducido como éstasis. A mi me habría gustado ver el término original, procedente del galicismo impasse, que es un término también utilizado en castellano (pero que académicamente no es aceptado). En mi opinión se debería haber respetado el palabro del autor.

En fin, este tipo de aquí al lado es Alastair Reynolds, el escritor de un millón de libras. Si me permitís describir este autor en una palabra esta sería: competente. Y en dos, muy competente. Espero que en esta entrada conjunta con el muy recomendable blog Dreams of Elvex hayamos conseguido dar una impresión de la obra de este autor; y a los que ya lo conocíais, aquí tenéis nuestra opinión sobre dos de sus mejores novelas.





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