The Word for the Blog is Scientifiction

jueves, 17 de enero de 2013

Brasyl, de Ian McDonald




Primer handicap: He prolongado la lectura de esta novela unos meses, con interrupciones constantes, lo cual no es recomendable en ningún libro y menos si se trata de una novela de Ian McDonald.


Segundo handicap: He leído la novela en su original inglés (existe traducción castellana de La Factoría de Ideas), una lengua que desearía conocer más a fondo. Para mi todo un reto, más si añadimos que para complicar las cosas el autor se deleita constantemente incluyendo vocablos en la bella lingua portuguesa/brasileira.


Sinopsis

Brasyl es una novela compleja, como ya nos tenía acostumbrados este autor desde su anterior trabajo River of Gods (El río de los dioses, editada aquí también por La Factoría de Ideas). Si ésta se situaba en la India del futuro, la que nos ocupa se desarrolla en tres tiempos en los que alternadamente se va desarrollando la trama:

Año 1732. El padre Luis Quinn, un jesuita irlandés más diestro en el uso de la espada de lo que a él le gustaría recordar, llega a Salvador de Bahía procedente de Portugal con la misión de adentrarse en el continente a través del río Amazonas para llamar al orden a otro jesuita rebelde, el padre Gonçalves.

Actualidad. Marcelina Hoffman, una productora sin demasiados escrúpulos de un canal de televisión de Río de Janeiro, busca a Moaçir Barbosa, considerado el principal responsable del Maracanaço. Así se denomina a la final del mundial de fútbol de 1950 que enfrentó en el estadio de Maracaná a la selección brasileña con la de Uruguay. Contra todo pronóstico los locales perdieron el mundial y el guardameta Barbosa fue considerado el principal culpable de la derrota, pasando a ser considerado como una especie de traidor a la patria. Marcelina desea localizar al desdichado portero, quien desde entonces se halla en paradero desconocido, con la intención de crear un reality para someterlo a juicio público ante la audiencia.
Año 2032. Edson Jesus Oliveira de Freitas, un favelado de São Paulo que intenta marcar distancias con el mundo que le vio nacer, necesita contratar los servicios de Fia, una joven japonesa que parece salida de un anime (quizás con la ayuda de la cirugía o algún tipo de tratamiento) de la que se enamora al instante. Fia es una quantumeira, una hacker que trabaja con ordenadores cuánticos.


La especulación de futuro en Brasyl


La mayoría de las obras de ciencia ficción parten de una especulación de futuro. En nuestro caso el autor nos ofrece una prospectiva bastante conservadora, básicamente un Brasil con los mismos contrastes y desigualdades que el actual. A veinte años vista parece una postura prudente y podríamos decir que adecuada para el propósito de la novela. Más si tenemos en cuenta la experiencia de muchas novelas de ciencia ficción (creo que por lo menos a alguno de nosotros le tocaría visualizar esto desde una base lunar). Por tanto, el autor solo nos proporciona unas pocas pinceladas de anticipación científica; unas gafas inteligentes de realidad aumentada por aquí, algunos drones de la policía por allá... y ordenadores cuánticos, por supuesto. Tampoco hace falta más, puedo aseguraros que la trama es de ciencia ficción pura.


Y es que el rollo cuántico da mucho juego. Me explico: actualmente en el género de ciencia ficción la teoría cuántica es un tema de moda como lo fue la energía nuclear en los años cincuenta, aquellos tiempos en que todo era prometedoramente atómico. Es como una idea talismán que te permite desarrollar muchas otras ideas maravillosas y exponerlas científicamente, a saber: computación, teletransporte, viajes en el tiempo, universos paralelos, funcionamiento del cerebro, etc. Se trata de un recurso ideal, sin embargo creo que se debe tener muy claro el qué y el cómo o uno puede quedarse sin historia que contar.


No os confundáis, el autor utiliza este recurso adecuadamente y en ningún momento puede considerarse que “hace trampas”. Por otra parte, no lo utiliza meramente para proporcionar una ambientación exótica como en la space opera -por lo menos en el sentido clásico del término-, sino que la teoría es algo implícito al argumento: si no hay teoría, no hay novela. Como he dicho, ciencia ficción en estado puro. Por cierto, antes no he mencionado las Q-blades, que sería algo así como cuchillos cuánticos. No digo más.


En realidad, conforme avanza la lectura nos damos cuenta que se nos está mostrando un Brasil diferente al nuestro. McDonald entra en el juego visto últimamente en otros autores: me viene a la memoria The Execution Channel de Ken McLeod.


Al principio pequeños detalles, casi imperceptibles, ya nos están indicando que no estamos en el Brasil actual; por ejemplo algunos cambios ortográficos como el del título de la novela. Con el desarrollo de la trama se nos va haciendo más evidente que no es el Brasil que conocemos, ni su historia tampoco es la misma. Por cierto, el auténtico Moacir -con c- Barbosa murió el año 2000 y no se escondió (pero quizás debería haberlo hecho, merece la pena conocer el calvario por el que pasó).


¿Se trata de una licencia artística, como parece ser el caso de McLeod? No lo creo, como hemos comentado el argumento lo justifica completamente. En otras palabras, de una especulación de futuro inicial pasamos a una especulación sobre una realidad paralela.



Ciencia ficción social


¿En qué grado acierta McDonald en la descripción de la sociedad brasileña? Si hacemos caso a la reseña de Jacques Barcia, escritor del género y regentador del blog brasileño Human 2.0, el autor “captura con asombrosa precisión el espíritu brasileño” (ojo, la reseña está plagada de spoilers). No he podido averiguar si McDonald estuvo un tiempo viviendo en Brasil o si simplemente se informó tirando de bibliografía como sugiere Barcia, pero se puede afirmar que hay un importante trabajo antropológico detrás de esta novela, en el sentido que hay una ardua tarea de asimilación e interpretación de la cultura brasileira y posterior traducción en términos del lector. Por ejemplo, esto puede apreciarse cuando a lo largo de la novela describe detalladamente la capoeira, en sus vertientes de danza/arte marcial. Lo mismo sucede con otros temas idiosincrásicos, el autor se las arregla para mezclar elementos tan folclóricos como el futebol o las telenovelas e integrarlos en la trama logrando en la mayoría de las veces que el resultado parezca razonablemente serio.



La novela


Dentro del aspecto social podríamos incluir la interacción de los personajes a través de unos excelentes diálogos. Los protagonistas son de ésos que uno no olvida fácilmente. El padre Quinn, el malandro Edson y algunos personajes secundarios como el positivista francés Dr. Falcon, compañero de aventuras de del padre Quinn, están bien trazados y el autor consigue sumergirnos en sus puntos de vista.



No voy a comentar aquí la novela desde un punto de vista literario, simplemente quiero mostrar algunas impresiones. En mi opinión McDonald es un escritor más que competente, es realmente bueno. Me encantan sus descripciones minuciosas, ricas en detalles. Cómo se toma su tiempo para preparar, para desarrollar la acción con todo lujo de detalles y cómo describe las circunstancias en que se encuentran los personajes. McDonald construye grandes momentos a partir de pequeños instantes como por ejemplo cuando Edson ve por primera vez a Fia. La novela está plagada de estos momentos. El autor va desgranando la trama sin prisa, con algunos giros que ayudan a mantener la intriga.


Como he mencionado antes, el autor hace un constante uso de palabras en Português brasileiro, cosa que dificulta la lectura pero que a la vez se agradece. Para mi ha sido una experiencia curiosa, única, leer una novela tan rica en lengua inglesa y además plagada de vocablos de una segunda lengua. Al final, cuando acabo la última página, me quedo estupefacto: un glosario. Primer pensamiento: Ian, tío... ¡Haberlo dicho antes! Y después de una pequeña comprobación: ¡Ups! Si ya lo ponía en el índice. No es que sea muy partidario de las novelas con diccionario pero no me habría venido mal alguna consulta. En fin, ya he comentado que ha sido una lectura accidentada...


A pesar de los handicaps mencionados, puedo afirmar que he disfrutado enormemente de la lectura. Una delicia, incluso cuando me he visto obligado a releer algunas partes o capítulos enteros. Realmente emplear palabras en la lengua original -menos mal que es portugués, os recuerdo que El rio de los dioses se situaba en la India- es realmente un recurso valioso para introducirse en la cultura tratada.


Sin embargo, también debo comentar que Brasyl no es un libro redondo. Mi valoración es que su anterior trabajo, The River of Gods, en conjunto está más logrado. Además, el final de la novela no es lo más brillante aunque sí que se puede afirmar que es efectivo, unificando tramas y resolviendo casi todos los cabos sueltos.


El libro termina con una pequeña bibliografía selecta utilizada por este autor para escribir su obra y también con algo que parece costumbre de la casa: una recomendación musical, a modo de banda sonora. En este caso compuesta, cómo no, por temas de la fecunda cultura musical brasileña. Además una cita significativa, quizás para justificar alguna parte descabellada del libro, de Charles De Gaulle: Brazil is not a serious country.



Subgéneros e influencias


Yo incluiría esta novela dentro del subgénero hard, aunque alguno me lo podrá discutir, y por supuesto también dentro de lo que se ha denominado ciencia ficción social o sociológica. Quizás la discusión, en la que no entraremos aquí, debería tratar sobre si las disciplinas sociales son verdaderas ciencias (un debate que ya resulta cansino). Lo que está claro es que en estos aspectos donde el autor muestra todo su genio: urdir una narración magistral partiendo del binomio tecnología y sociedad.


En mi experiencia lectora no encuentro antecedentes que puedan haber influido en esta novela. Lo que sí doy por seguro es que si Ian McDonald ha tenido un maestro, éste ha sido John Brunner: La construcción del argumento mediante distintas tramas y varios protagonistas, el énfasis en lo social sin olvidar la influencia de los cambios tecnológicos, las vicisitudes de los personajes... me recuerdan poderosamente a la imprescindible Todos sobre Zanzíbar.


Si nos centramos el planteamiento cienciaficcional, la novela tiene puntos en común con la también excelente Anathem, de Neal Stephenson (editada un año después de la aquí comentada).


Resumiendo, se puede afirmar que esta obra es la segunda de una gran trilogía. Las novelas no tienen ninguna relación entre ellas pero sí tienen puntos en común. Las tres se ambientan en potencias económicas regionales y que a la vez mantienen una personalidad cultural propia en un mundo cada vez más globalizado, de las que el autor retrata tecnología, cultura y religión de manera admirable. Empieza con la ya citada El río de los dioses (India, ciberpunk), continua con Brasyl (mecánica cuántica) y termina con The Dervish House (Turquía, nanotecnología), que no he leído pero por lo que sé ha recibido buenas críticas.


  Brazyl es una novela cuya riqueza merece una relectura para saborearla más detalladamente, cosa que de momento yo no voy a hacer, por lo que se va otra vez de vuelta a la pila de libros pendientes. Por descontado me deja con ganas de más.


Le doy un 8,5 sobre 10.

12 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo con tu reseña.
    Lo leí hace años pero todavía tengo en la memoria la imagen de la Q-blade atravesando la Tierra. No es importante, pero es inolvidable.

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    1. Sí, en realidad yo creo que lo usa como un comodín entre las distintas lineas temporales. Al principio las tres tramas son totalmente independientes y no se empiezan a unificar hasta que la novela está muy (demasiado) avanzada. Pienso que para compensar, como nexo entre las tres tramas, concibe los Q-blades esos.

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  2. Buenísima reseña, detallada y reveladora. Me ha tanto que me has convencido de que merece la pena leer a McDonald. En todo caso por lo que me han comentado algunas malas personas por ahí, quizá sea mejor comenzar por River of Gods. Como yo me suelo fiar de las malas compañías creo que empezaré por ahí.

    Me has dejado totalmente intrigado con lo de la Q-Blade. No quiero pedir más detalles, ¡pero los pido!

    Enhorabuena por este reseñón.

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    1. Lo del q-blade tiene su miga pero sólo es un detalle dentro de la trama (al respecto lee la respuesta anterior). Y sí, yo también te recomiendo "River of Gods", como dije creo que es superior a ésta.

      Muchísimas gracias por tu comentario.

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  3. Estupenda reseña, Carles. Un trabajo impresionante. ¡Vaya forma de inaugurar el blog!

    Coincido, además, casi totalmente con tu valoración. Está claro que McDonald es una escritor excepcional. Estilísticamente es de los mejores que tenemos en la CF hoy en día, sin duda. Y no suele ser una lectura fácil. Es de los pocos autores que aún me dan un poco de respecto cuando tengo que leerlos en inglés. Aún así, una buena novela, pero no la mejor de McDonald ni mucho menos.

    Más redondo me parece el relato "[A Ghost Samba]" que McDonald sitúa en el mismo universo pero en el que la idea de los universos paralelos es más patente. Lo puedes encontrar, por ejemplo, en la antología Other Worlds Than These. Muy recomendables tanto el cuento como el libro.

    Enhorabuena por la excelente reseña. Yo ya estoy esperando la siguiente :)


    En cuanto a las tres partes de la novela, me parece que son un poco desiguales. Para mí, la más interesante con diferencia es la del pasado. La del futuro tiene momentos brillantes (como dice Leticia, lo de la Q-blade atravesando el mundo). Pero la del presente me parece un poco ramplona. Y el desenlace es un poco non-sequitur.

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    1. Hola Odo, gracias por comentar.

      No sabía de más relatos basado en el mismo universo del libro. Tomo nota del que me indicas.

      Yo también creo que las tres tramas son desiguales, aunque la parte dramática de la "destrucción" de Marcelina (pérdida trabajo, familia, etc.) tiene su encanto. Eso sí, a final no me enteré de por qué la doppelgänger le tiene tanta manía. Supongo que un cabo suelto del el argumento...

      Volviendo a las tres tramas, como le comento a Leticia opino que son demasiado independientes y al final tiene que unificarlas "con pegamento".

      Como anécdota, estuve pensando mucho al puntuación. Fríamente le daría un 8, el medio punto de más es de mi parte de entusiasta "fanboy" de McDonald...

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    2. No sé si hay más relatos en el mismo universo además de ése. Voy a mirar, porque de ser así, sería muy interesante leerlos. Precisamente en el universo de River of Gods, McDonald ha escrito grandísimas historias.

      Yo le pondría un 7.5. Un 7 si me pillas en un día malo :D

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    3. La verdad es que le tengo ganas a los relatos de Cyberabad Days que comentas. Y ya de paso también a la novela Planesrunner, aunque si a un libro le ponen la etiqueta de Young Adult deja de interesarme (casi siempre)...

      De todas formas lo dejo pendiente, ahora prefiero probar otros autores :-)

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  4. Me encantaron los relatos Cyberabad Days. Muy buen articulo.
    saludos
    Carmen

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    1. Saludos Carmen,

      Se agradece el comentario. Espero que te guste mi siguiente entrada (espero que ya pronto).

      Cyberabad Days lo tengo pendiente en "la pila". Supongo que ya caerá un dia u otro...

      Muchas gracias por tu visita :-)

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  5. Pues esto lo llego a leer un par de semanas antes y no habría dejado escapar tan fácilmente la novela en la feria del libro de ocasión. ¡A cuatro euros estaba! que es más incluso de lo que se suelen saldar las novelas de la Fechoría de Ideas en estas ocasiones.

    Y la verdad es que no tengo perdón de Crom, porque la edición española ostenta una recomendación de Richard Morgan bien clarita en la contraportada...

    Ah, y me sumo a las alabanzas: gran comienzo, Carles.

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Viniendo del titular de El Almohadón de Plumas signfica mucho para mi :-)

      A mi me pasa justo al contrario, es decir con Richard Morgan: hace años años colgué su novela "Altered Carbon" (en parte por mi dificultad con la lengua inglesa de entonces) y este autor dejó de interesarme. Creo que ya va siendo hora de corregirlo.

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